Quieres ser alguien?


Los niños se sientan juntos en el piso para revisar el bolso escolar de Nicanor, quien desea mostrar sus cuadernos nuevos y las actividades que ha realizado en el colegio. Hacen una rueda, van viendo los cuadernos y comentando:

-Mira lo que hice hoy- explica Nicanor

-Ahhh, eso yo también lo hago – dice Ismael

-Te quedo muy bien- dice Josué

Mi hijo Diego busca sentarse con el grupo pero Ismael le grita con enojo:

-¡Tú no!

La razón por la cual Diego no puede unirse al grupo, es invisible, no tiene nombre para este grupo de chicos, porque no saben qué es el autismo, lo que ellos ven, es que Diego es diferente a ellos.

Alguien debe orientar, así que digo manteniendo un tono neutro pero firme:

-Diego si puede sentarse aquí, él también quiere participar.

Lejos de enojarse o resentirse, Diego se sienta junto al grupo muy entusiasmado. Observa los cuadernos desde las manos de los demás chicos, en la rotación de los distintos materiales no hay un turno para Diego, nadie le presta atención cuando Diego, con dificultad en su lenguaje, trata de explicar que él también tiene cuadernos así, que también se sabe las letras y que también tiene un bolso escolar nuevo.

Alguien tiene que ser la voz de Diego, y yo traduzco para que los demás chicos se enteren de lo que tiene que decir Diego.

Nadie tiene un comentario que hacer sobre lo que ha “explicado” Diego, la respuesta es indiferencia, nadie siquiera voltea a mirarlo.

De pronto todos se levantan, buscan una pelota y comienzan a jugar al fútbol, Diego no alcanza nunca al balón para poder patear, corre de un lado al otro, afanado, pero es inútil.

Alguien tiene que sugerir cómo pueden participar todos.

Jueguen en equipos de 2 personas, ya que son cuatro niños- les indico.

Ismael se abraza a Nicanor para hacer un equipo. Josué mira con cara larga a Diego. La misma situación, la pelota nunca llega a los pies de Diego.

Alguien tiene que explicar el juego por turnos.

Cuando le toca el turno a Diego, la lanza con poca fuerza y sin dirección, cuando se la devuelven, le pega con fuerza en el pecho, Diego se recupera y se ríe un poco, pero en el siguiente pase la pelota le pega de lleno en la mejilla… Diego se pone a llorar.

Ahora los chicos quieren jugar al escondite. Rápidamente se organizan, uno de los chicos comienza a contar y otros dos se van a esconder.

Diego se queda mirando, luego, se ríe emocionado y sigue a uno de los niños hasta el escondite que ha seleccionado, no caben 2 niños allí y el chico echa del lugar a Diego:

-Vete de aquí!- le dice con un tono de voz bajo pero sin contemplaciones, cuando ve que yo estoy cerca, hace una mueca de fastidio y sale con cautela del lugar a buscar otro sitio para esconderse, Diego en lugar de mantenerse escondido allí, sale y lo sigue.

Alguien tiene que explicarle, una vez más, las reglas del juego a Diego.

Así que yo intervengo para explicar a Diego que cada niño debe buscar su propio lugar para esconderse. Pero a Diego le hace demasiada gracia el hecho de esconderse y su risa siempre le delata, además intenta ver en donde se han escondido los demás, o que hace el chico que busca, por eso es el primero en ser avistado por el buscador, que luego corre hacia la base y Diego queda designado como el buscador… y ya nunca cambia de rol porque no logra encontrar a los demás chicos en sus excelentes escondites y cuando lo hace, le ganan en velocidad cuando corren hacia la base de llegada.

Diego se encuentra solo, sin saber hacia cual lugar dirigirse para encontrar a los niños, de pronto uno de los chicos sale de su escondite sonriendo y viene directamente hacia donde esta Diego, lo abraza fuertemente y luego con rapidez regresa a buscar un nuevo escondite, es Nicanor que de pronto ha sentido la necesidad de expresar su emoción.

Es curioso, porque Nicanor no ha defendido a Diego en ninguna de las oportunidades en que le han intentado vulnerar, no ha hecho ningún comentario cuando tratan de sacarlo del juego o le niegan el acceso, o algún juguete.

Alguien debe orientar a Nicanor sobre que hacer ante estas situaciones, y decirle que querer a alguien distinto no es algo malo que solo puede expresar cuando esta a solas con esa persona. No debe sentir vergüenza de amar a alguien diferente, ni de defenderlo cuando lo considere necesario.

Un adolescente que esta observando a los niños jugar, se va dando cuenta de la “desventaja” con la que se desarrolla el juego, entonces le da por equiparar las condiciones, se pone a atajar a los chicos que corren veloces hacia la base, quienes tratan de zafarse enérgicamente.

Alguien tiene que explicar al adolescente que esa tampoco es la manera, que si quiere ayudar puede ser el compañero de Diego y ayudarle en la búsqueda y en su carrera hacia la base.

Entonces intervengo y le explico al adolescente como puede ayudar respetando a todos.

De pronto los chicos se sienten cansados de jugar y vuelven a reunirse.

Ismael se saca un zapato, algo le molesta y quiere arreglarlo. Nicanor lo sorprende, le arrebata el zapato y corre alejándose a toda velocidad. Ismael corre tras él y cuando esta a punto de alcanzarlo, Nicanor lanza el zapato en un tiro perfecto hacia las manos de Josue, que lo atrapa sin dificultad y se aleja.

Todo ha ocurrido muy rápido, Diego se ha quedado observando, pero ver a Ismael sin zapato le ha dado un repentino ataque de risa, mueve el pie y dice:

-¡Mamá!, ¡Zapato!, ¡Zapato! – y no puede enderezarse de la risa que siente.

Ismael se molesta aún mas al verse burlado por sus amigos y ser el centro de las risas de Diego, quien se ríe a todo pulmón y sin ningún disimulo.

Alguien tiene que explicarle a Diego, otra vez, que hiere la susceptibilidad de las otras personas al reírse de esa forma de la gente que se cae, se tropieza, se le cae algo, se asusta, etc. pero todo ocurre tan rápido que no da tiempo de actuar…

Ismael logra alcanzar a Josué, quien es mucho más alto y esta elevando el zapato lejos de su alcance, entonces, ¡Ismael pierde la paciencia!, ¡Comienza a golpear a Josué!, ¡Y con fuerza!

Josué se molesta y responde dándole un fuerte empujón.

Ismael cae al piso.

Josué le lanza el zapato a la cara y luego le da dos grandes patadas.

Ismael entiende que su agresor le supera en fuerza y tamaño, no se defiende, se ovilla en posición de defensa, grita, llora.

Alguien tiene que detener la violencia…

¡Eyyy detente!- grito mientras camino hacia el sitio lo más rápido que puedo- Josué detiene las patadas y corre alejándose del lugar.

Diego pasa corriendo junto a mi muy sonriente y llega primero al lugar donde Ismael tirado en piso, se detiene, y en lugar de ayudar, haciendo un precario equilibrio…

¡Le lanza una patada a Ismael!

La patada es muy floja, Diego solo puede mantener el equilibrio en un solo pie unos pocos segundos, no puede elevar mucho las piernas y sus patadas son muy débiles, aún así no deja de ser una mala actuación, de eso estoy muy consciente.

-¡Diego no es un juego!, ¡Eso no se hace!, ¡Le haces daño al niño- le digo a Diego mientras Ismael, ahora comprendiendo que su nuevo agresor no tiene la fortaleza del anterior, se levanta iracundo y trata de alcanzar a Diego.

-¡Basta!- digo con firmeza- ¡Nadie debe agredir a nadie!, ¡Diego discúlpate con Ismael!

Diego que aún sigue sonriendo como si se tratara del más divertido de los juegos, pero se disculpa.

Ismael no responde, guarda silencio, o mejor dicho, sigue llorando sin responder a la disculpa de Diego.

Josué no se asoma por allí y menos para disculparse.

Ni colas, observa desde lejos pero no emite comentarios.

Ante el alboroto, llegan los otros padres, el incidente queda como un mal entendido, un juego de niños comentan algunos, otros dicen que los niños deben arreglárselas solos, que los adultos no deben meterse.

Buscan unos juguetes propiedad de Nicanor y se los entregan, los adultos mandan a los niños a “jugar sin pelear” y vuelven a sus asuntos. Pero antes la mamá de Nicanor me dice:

-¿Recuerdas este juguete?, Este se lo regalaste tu a Nicanor hace tiempo, quizás no lo recuerdes.

-¡Es cierto! -le digo, mientras recuerdo la compra.

Los chicos vuelven a quedar solos. Son 3 juguetes y 4 niños…

Diego se queda sin juguete.

Alguien tiene que solventar la situación.

Voy a mi auto y traigo 2 juguetes más. Se los entrego a Diego. Diego los toma, pero dice que quiere jugar con el Max, justamente el juguete que le regale aquella vez a Nicanor.

Ismael interviene en el acto:

-¡Tú no vas a jugar con estos juguetes!

Alguien tiene que orientar.

-Niños, jueguen por turnos con los juguetes, por favor.

-Ismael que sigue furioso y grita: ¡No quiero!

Lo veo y no entiendo como siendo tan pequeño puede tener tanto enojo. No puedo evitar pensar: Esto parece una burla del destino, algo que yo compré y ahora mi propio hijo no puede jugar con el ¿Será que Dios me pone esta prueba?, Qué ganas de solo tomar el juguete y decir esto lo compre yo! Y entregárselo a Diego.

Pero alguien tiene que hacer lo correcto, así que le pregunto:

-¿Por qué estas enojado con Diego?

Sus hermosos y enormes ojos marrones me miran, cómo si por primea vez esta pensando en lo que siente, se demora unos segundos, esta buscando una razón, y dice:

-¡Porque Diego me pateo!- Explica con mucha firmeza.

-Pero Diego te pidió disculpas- le aclaro, intentando que mi tono sereno y franco le motive a hablar.

¡El me pateo!, ¡No quiero jugar con él!- repite tajantemente.

¿Y entonces por qué juegas con Josué?, Josué también te pateó.

Su carita de niño cambio, creo que estaba buscando una respuesta pero no la encontraba, no sabía que decir, me temo que no entendía sus propios sentimientos.

Creo que a Josué lo veía como un igual, quizás, hasta como a un superior a él, pues estaba claro que podía vencerlo en una pelea, pero a Diego, lo veía…

¡Como una persona distinta a él!, ¡Inferior a él!, alguien que no quería tener como parte de su equipo, porque muy probablemente lo haría perder juegos, y sospecho que no toleraba que alguien “inferior” a él, se atreviera a pegarle. Por eso perdono a Josué, pero a Diego no lo perdonaba, era como si Diego no merecía su perdón porque no sentía interés real en su amistad.

Alguien, debía explicarle a los Ismael sus propios sentimientos, explicarle, que aunque uno puede llegar a sentir cosas como esas, debe cambiar porque la realidad es que todos somos iguales, todos merecemos respeto, consideración y buen trato.

Alguien tiene que explicar que en este camino de vivir, todos vamos intentando aprender a ser mejores, pero si ese aprendizaje no llega, nuestra sociedad seguirá discriminando.

¿Quieres ser alguien?

Tú también puedes serlo…

Solo tienes que observar y dejar de ser indiferente.

Pensar en cómo puedes ayudar respetando a todos.

Enseñando la consideración y respeto desde tu casa a todos por igual.

Enseñando que todos tenemos los mismos derechos.

Enseñando que todos deben tener un turno.

Enseñando que todos somos diferentes.

Enseñando a respetar los tiempos de cada persona.

Sé alguien apoyando al que lo necesita… tenga autismo o no.

Fuente original: http://autismodiario.org/2014/04/04/quieres-ser-alguien/

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