La soledad


En el margen

La semana pasada fuimos a la nueropediatra. Visita rutinaria. Preguntas rutinarias. Respuestas rutinarias. Nada bueno. Nada malo. Nada nuevo. Por desgracia. Volveremos dentro de… ocho meses.

Te sientes solo cuando regresas a casa con Ares de la mano. La misma que sientes cada vez que hablas de autismo en un mostrador oficial y no tan oficial.

Nadie te escucha, nadie te pregunta fuera del guión establecido. Nadie se interesa más allá del formalismo, nadie intenta comprender. Nadie se pone en tu lugar, nadie empatiza. Nadie te ofrece alternativas, nadie te dice, aunque sea de mentira, que la ayuda estatal es para morirse de risa y nuestros hijos de asco. Nadie. Nada. Nunca.

A la asimilación del TEA, debes añadir la incomprensión de una sociedad que no desea comprender, ni aprender. ¡Ni siquiera escuchar! Un sistema y una sociedad que sólo saca el baremo de la normalidad para decirte que no entras, que no encajas, que…

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