El abuelo está en la luna.


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Este cuento lo he escrito para explicarle a Lucía, Marcos y también a mi sobrina Aiko a la que quiero muchísimo, donde está el abuelo. Pero en especial se lo dedico a mi marido Ruben, sólo hay que cerrar los ojos… eso es todo…

El abuelo está en la luna.

Había una vez tres niños que vivían en una casita en un pueblo. La mayor se llamaba Lucía, era preciosa, con ojos negros y siempre llevaba dos coletas. Tenía algo que le hacía diferente al resto, no podía hablar y era un poco retraída. Simplemente era igual pero diferente. Era alegre y dicharachera y cuando por fin conseguía decir una palabra todos se ponían muy contentos. A veces había que ayudarla pero todos lo hacían y se sentían felices de poder hacerlo.  Marcos era su hermano, un niño alegre y a veces algo protestón pero con muy buen corazón. Cuidaba de su hermana y la hacia feliz. Le gustaba jugar con la pelota y con su compañero inseparable Chip, un muñeco de peluche. La pequeña se llamaba Aiko,era su prima, preciosa, con el pelo ondulado y la piel rosita. Muy juguetona y charlatana. Su muñeca preferida era una duendecilla mágica.

Todos los días jugaban con su abuelo, al que veían cuando les llevaba al cole, cuando les recogía o cuando estaban en casa.  Su abuelo se llamaba Paco, un señor grande, alegre y que le gustaba mucho ir al campo, los animales y los pajaritos y tenía algo que siempre le acompañaba: una radio de muchos colores.

Un día cuando se levantaron fueron a buscarlo pero el abuelo no estaba, entonces la abuela les dijo que estaba en la cama. Los tres niños corrieron a la cama en busca de el para jugar, saltar y hacerle cosquillas, pero el abuelo estaba triste, estaba enfermo y no podía jugar con ellos y eso le hacía sentir mal.  Pasaron los días y el abuelo no podía levantarse de la cama…

Los tres niños jugaban pero ya no se lo pasaban igual, cada noche iban a darle un beso y se dormían soñando en que al día siguiente el abuelo pudiese jugar con ellos. Una mañana cuando se despertaron y fueron a buscarlo el abuelo ya no estaba… la abuela les contó que se había marchado a la luna y que ya no podía volver, pero que estaba muy bien y contento, y que desde allí nos veía todos los días. Entonces Aiko y Lucía no dejaban de llorar, pero Marcos que era muy valiente les propuso una idea:  ¡Podemos ir a la luna! Buscaremos al abuelo, le daremos muchos besos y le haremos cosquillas y después volveremos con la abuela. -dijo Marcos

Las niñas lo miraban con los ojos muy abiertos y emocionadas de poder volver a ver al abuelo. Marcos dijo: mañana cuando nos levantemos nos vamos sin que la abuela se entere y cogemos unas galletas para el camino. Todos muy contentos se fueron a dormir.

A la mañana siguiente emprendieron el viaje a la luna, no sabían muy bien donde tenían que ir, pero seguro que lo encontrarían pronto. Andaron mucho y cuando ya estaban cansados y tristes por no poder encontrar el camino hacia la luna de pronto vieron a una niña. Se llamaba Natalia y venía de pasar unos días en casa de su abuela Maria, ella se dio cuenta que estaban tristes y les pregunto:

¿Qué os pasa?

Lucía le respondió: buscamos al abuelo Aiko empezó a lloriquear y Marcos le dijo: estamos buscando a nuestro abuelo Paco, hace unos días que no lo vemos y la abuela nos ha dicho que está en la luna, pero hemos andado mucho y no lo encontramos. Natalia con una sonrisa en la boca les dijo: No os preocupéis, ya estáis cerca, cuando el sol se vaya y aparezca la luna lo vais a ver. Sólo tenéis que andar un poco más. Los tres niños se pusieron muy contentos y saltaban de alegría, le dieron las gracias y salieron corriendo. Corriendo corriendo se les hizo de noche y de pronto se pararon, algo de muchos colores se veía a lo lejos, pero no se veía claro. ¿Qué puede ser?

Marcos dijo: parece el arco iris pero no podía ser porque era de noche.  Aiko dijo: es un elefante, se acordó de un elefante de colores que había visto unos días antes en un cuento. Y Lucía que era más mayor dijo: ¡es una radio! Era la radio del abuelo, la radio de muchos colores. Todos se miraron y volvieron a correr en busca del abuelo y gritaban sin parar ¡ ya lo hemos encontrado!

Allí estaba el abuelo con su radio de colores que los recibió con besos y abrazos y que les dijo: podéis verme cuando queráis, sólo tenéis que cerrar los ojos y buscarme. Me vais a ver siempre.  Entonces los niños cada vez que quieren ver a su abuelo cierran los ojos despacito, despacito y lo ven, juegan con el y están muy contentos

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