Ser no es lo mismo que tener.


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Mucha gente suele referirse a las personas con autismo como autista, para mí es un término bastante molesto, que aunque no comparto puedo entenderlo cuando se desconoce el tema. El autismo no define a la persona, no se es autista, se tiene autismo y se es persona ante todo. Nadie se refiere a alguien que tenga cáncer como un “canceroso” o a alguien con sida como un “sidoso”. Esto no se entendería y además se vería  despectivo.

Lucía es morena, tiene la piel blanquita, los ojos oscuros, y una sonrisa que deslumbra, es preciosa y luego tiene autismo.

No nos confundamos, todo esto perjudica para la integración en esta sociedad que cada vez lo pone más difícil.

Os dejo un texto de Daniel Comin, fundador de Autismo Diario y padre de un niño con autismo que lo explica muy bien. No os olvidéis, ser no es lo mismo que tener.

Hoy en día es muy habitual referirse a las personas que tienen Autismo como Autistas. Mi hijo es autista, este muchacho es autista, etc,…, es curioso como el “tener” ha sido devorado por el “ser”. El Autismo no define a la persona, no se es autista, se tiene autismo y se es persona. Sería, en suma, como denominar mongólicos a los afectados por el Síndrome de Down. Nadie se refiere a un afectado por el Síndrome de Diógenes como un Diógenes, o nadie dice mi hijo es Tourette (en relación al citado Síndrome) No se entendería y además se consideraría una forma despectiva de referirse a estas personas. Sin embargo nos parece normal definir a una persona como autista, además de encasillarla en una conducta que poco tiene que ver con la realidad del autismo.

Uno puede ser alto, flaco, o incluso rubio. Aunque tales definiciones no son más que epítetos destinados a definir ciertas particularidades, sin embargo, se ha extendido -lamentablemente- el término Autista para definir, encasillar y etiquetar a las personas que tienen un Trastorno del Espectro del Autismo.

No deja de ser en suma un modo de establecer fronteras -invisibles, pero fronteras al fin y al cabo- entre el conjunto social y las personas con autismo. Aunque a priori pueda parecer una vulgar cuestión de léxico, finalmente la definición encasilla y estigmatiza a la persona que padece el citado síndrome.

En una sociedad a la que se llena la boca hablando de integración y de igualdad nos encontramos con una situación, cuando menos, extraña. Más si cabe cuando hurgamos en busca del origen de esta curiosa definición del estado vital de un ser humano. Y lo lamentable es que los principales culpables son los presuntos especialistas, dado que la mayor cantidad de documentación relacionada con el autismo está en inglés, y los especialistas hispanos adolecen -entre otras muchísimas cosas- de un buen nivel de inglés, tradujeron de la forma más simple posible, arrastrando consigo a un error al resto de la población.

Debemos de empezar a desterrar ese estigma, las personas no son autistas, tienen autismo, como podrían tener gripe (nadie nos define como griposos, somos personas con gripe) Ya les ponemos las cosas demasiado difíciles a las personas que se encuentran dentro del Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) como para que además las marquemos cual apestados con una palabra.

El increíble grado de desconocimiento de la sociedad nos lleva a estar condicionados por mensajes absurdos. Toda la gente que ha visto la película Rainman cree tener clarísimo que las personas con autismo son unos “genios” con “retraso mental” e insociables que sólo sirven para llevarlos al casino y romper la banca. Bien, una película que habla de una persona con TEA ha conseguido meter a toda una comunidad en el mismo saco. Lamentable pero cierto. El autismo es algo mucho más complejo, afecta a uno de cada 175 niños y es además un trastorno que da pánico. Provoca terror en los padres de los niños diagnosticados precisamente por esa forma de encasillar de la sociedad. Flaco favor le hacemos a los padres y a sus hijos incrustándoles a golpe de palabra el pánico al autismo.

Debemos pues empezar a desmitificar el Autismo, sólo en España hay más de 300.000 personas afectadas y merecen todo nuestro respeto y apoyo, empezando por no mirarlos como bichos raros ni definirlos como seres especiales (pero en el sentido lastimero y peyorativo).

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